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1 junio 2012

Animo

Filed under: — malísima @ 17:50

Si es por ánimo no me faltará. Nunca me ha faltado. Ahora necesito recuperarme y quererme yo. No va a ser fácil. Más de seis meses de quiebra pasan factura. Por lo menos a mí.
A él, no. Ayer me sorprendió verle sereno en la calle. Está cuidado y con buen aspecto. Más jóven, con ganas.
Tengo claro que alguien estará escuchando sus lamentos y, seguramente, ese alguien sea alguna. Me avisan de que, además, esa será la forma de hacerme daño. Por supuesto. Tendré que sobrellevarlo.
Al verlo tan jovial, surgió un comentario ajeno: “lo siguiente que buscará tu marido será la moto”. Me eché a reír. Seguro. Hará todo lo que, por precaución o por miedo, no ha hecho.

Al teléfono está distante y no esperaba menos. Hablamos de los críos, nada más pero me pone en alerta la repentina despreocupación. Ya no es el padrazo volcado y complaciente, es un señor que quiere que le contesten que está todo bien y que no aparezca. La verdad es que, con ese tema, siempre se lo he dado yo solucionado. Pocas veces ha salido corriendo al colegio ante una llamada de una fiebre de un niño o se ha atormentado pensando en cómo se iba a solucionar si, al despertar, el mismo niño no estaba en condiciones de acudir a clase. Esos eran mis problemas. Cuando él llegaba, ya estaba solucionado. Quizás le tocase llevarlo a casa de la abuela o esperar una canguro, pero poco más. El quebradero era para mí.
Si además, ahora se va a limitar a telefonear y aparecer cada quince días, la despreocupación tornará en mayúscula.

He comentado que ayer me resultó relajado y guapo. No logro entender cómo alguien que lleva meses sin dormir y el último, donde yo tengo consciencia, llegando a la una de la mañana y bebiendo hasta las tantas, pueda tener buen aspecto…Se me han dibujado las palabras que escuché a una persona sabia en mi infancia: “¿quién te ha dicho que está sin dormir hasta que llega a casa? Quizás esté durmiendo en otro lugar…” Quizás sea así. Y una vez que llega a su hogar, desvelado, necesita el alcohol para acunarse.
Y a mí, a mí, el que llegase tarde, el escuchar la puerta sólo me servía para temerle. Ojalá no lo olvide nunca. Ojalá, en algún momento, pueda llegar a perdonarme porque es mucho el sufrimiento que me ha hecho padecer.

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