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30 enero 2014

Up, up, up

Filed under: Sin categoría — malísima @ 20:58

Sí, me tengo que animar. En breve, cesaré en mi contrato de trabajo y empezaré a volcarme en mi actividad mercantil. A su vez está coincidiendo con el adiós del último canallita que paró en mi alcoba. Se empeñó él pero no podía estar a la altura de las circunstancias. Que si el trabajo, que si las niñas, que si las pensiones a dos familias (sí, ni más ni menos!!). Hasta la anciana madre que hay que atender y llevar al médico. Siempre me dio en la nariz que estaba casado. Su trabajo era para no parar pero, aún con esas, no doy crédito a que sólo cabiese visita y acometida sexual en horario vespertino y, por supuesto, de lunes a viernes. En casi seis meses, sólo se quedó en mi cama una noche y madrugó para irse (eso sí, morbazo del atuendo lo tenía, que aquí el amigo me apareció con un chaleco antibalas) y ni una sola escapada, ni una comida de sábado, ni una cenita de viernes ni nada.

Ayer ya cantó por soleares. Le pedí cita intempestiva y no disponía de mi casa por estar ocupada por mi madre y los vástagos. Esperaba cita en su casa y, sino y como poco, calentón en un coche o en hotelito, que una se las gasta donde se las tenga que gastar. La respuesta fue que tenía a su madre. Su madre?? Pero si el día antes en una comida en horario laboral me perjuró que la recogía el primer día de mes (vive cada cierto tiempo con cada uno de sus hijos) y todavía faltaban un par de días para ello. Total, que me pinzé. Que yo soy del aquí y ahora y más si el asunto en cuestión sólo da para un buen alivio carnal. Para más no daba la historia, con tanto ajetreo suyo y con tanta vida social como que no me embarco yo en una de esas. Así que, en cuanto entró el comentario de la madre por mi wassap, salió de mi boca la despedida.

Hoy no ha parado de escribirme. Que si está dolido, que si le he dejado huella. Que no, chico, que no. Que tu vida da para un libro y hasta para más, pero lo que es esta protagonista, prefiere escribir el suyo…

26 enero 2014

Vuelta a los 20

Filed under: Sin categoría — malísima @ 13:45

Me parece mentira que mis sentimientos sean tan cíclicos. Han pasado 20 años y parece que no hubiera progresado. Quizás fuera más madura entonces que ahora, y ahora, por el contrario, tengo la obligación de serlo, porque de mí dependen dos enanos.

Tendría que tener una vida ordenada, encaminada a la madurez. Tendría que ser una vida de cierta comodidad relajada, de tener una cierta estabilidad económica, emocional. Tendría que ser el momento de los viajes, de las cenas tranquilas, de pequeños caprichos. Eso es la madurez, no? Por lo menos es lo que veía cuando tenía la mitad de años que ahora. Sin embargo me encuentro con que no es, ni por asomo, mi realidad. Trabajo de sustitución, con lo que, en cualquier momento regreso al paro, por tanto, ningún dispendio me está permitido. Las salidas que me permito es con amigos, a precio low-cost, volviendo a pagar “a escote”, entre todos. Y regresando en el búho, en el autobús nocturno que sale de Cibeles a horas intempestivas. Ninguna pareja, ninguna salida romántica. Ninguna estabilidad sentimental. Igual que en los ochenta…

El camino de bajada por la calle de Alcalá fue lo que me hizo conectar con mi pasado. Esos pasos firmes, sintiendo mis pisadas, mi aliento, observando los grupos de gente que siguen de fiesta -los que esperan frente al metro de Sevilla, los que hacen cola para entrar en la discoteca y que quizá, por edad, no sepan que ocurrió una tragedia en el siglo pasado-. La misma terraza del Círculo de Bellas Artes que, en mi juventud sólo abría en verano y que ahora, a pesar de ser ahora invierno y gracias a las nuevas estufas, está repleta de gente. Todo el camino era exactamente igual-igual al que tenía cuando era universitaria. También entonces me decía que el amor no existía, lo mismo que ahora.

Lo que ha cambiado son las experiencias. Ya tengo mucho recorrido y ahora, los edificios no son sólo edificios. Algo he vivido que puedo rememorar al pasar frente a las casas, a las calles. Así, al principio de mi camino, dejé un teatro a mi derecha, donde hacía poco vi una obra gratis acompañada de un canallita. Al cruzar Cedaceros, recordé la presentación de un libro al que acudí en solitario y triunfé en mi papel de Lauren Bacall. La bocacalle de los cines de versión original donde temí por mi vida con un joven abogado que sangraba por la nariz. En Banco de España, donde hace poco eché una instancia para un trabajo que no salió. El palacio de Correos donde en mis inicios laborales iba a certificar cartas a altas horas y que ahora, ha dejado de ser esa institución para transformarse en el Ayuntamiento y la terraza de esa edificación se ha convertido en un lujoso restaurante, donde tomé una copa de cava con un runner enamorado.

Madrid, mi querido Madrid sigue igual. Y yo, para bien o para mal, sigo siendo la misma. Parece mentira que, ahora más que nunca, los cuarenta sigan siendo los nuevos veinte.

25 enero 2014

YA

Filed under: Sin categoría — malísima @ 19:57

Ojalá ese ya tan mayúsculo del título sirva de cierre final de toda una historia. Una hora de bañera caliente con una copa de tinto, sintiendo la humedad del vaho en mi piel y el calor de mis lágrimas me ha servido para darme cuenta de que mirar los azulejos blancos del baño e imaginar a mi ex era sentir lo mismo, el mismo vacío.

No sé lo que me deparará el futuro. De hecho, cada vez me vuelvo más maniática en mi soledad, en mi mundo, en mi tranquilidad absoluta. Sé que soy joven, sé que sufrí, sé que hice daño. Sé que me hicieron sentir culpable, sé que reconocí toda mi culpa. Sé que me maltrataron, sé que yo no abandoné.

Da igual que él empezara una nueva vida. De hecho, eso nunca me dolió. Quisiera cerrar definitivamente esa página. Quisiera tranquilizar mi vida y mis sentimientos. Y hoy, entre el vapor cargado frente a unos azulejos blancos, vislumbré el punto final: él nunca me pidió perdón. Yo me harté de hacerlo y de reconocer mis errores. Él nunca lo hizo. Punto.

Y final.

18 enero 2014

La última dedicatoria

Filed under: Sin categoría — malísima @ 13:02

Esta es la última vez que le escribí…

Estaba cansado. Agotado. La culpa había sido de ella. Prefería no volver a recordarlo. Ella lo sabía. Quería decirle lo mucho que le quería, quería ayudarle a olvidar. Sin él, su vida no es nada. Es más que su mitad, más que su pareja, forma parte de su aire, de su aliento, de su palpitar, de sus músculos.
Le miró a los ojos y notó su cansancio. “Quieres tumbarte y te echo cremita?”. Él obedeció y la siguió hasta el dormitorio. Ella fue desplegando los artilugios que necesitaba: tomó una hidratante, un serum, encendió unas velas aromáticas y buscó en Internet una música relajante.

Él se tumbó y se fue dejando hacer: primero el pringue de la crema. Sintió frescor. Luego las manos parsimoniosas. Sintió dulzura. Después el serum. Empezó a sentir alivio.

Las manos de ella se esforzaban en enroscar todo el amor en sus dedos, en escarbar en cada poro y dejar brotecitos de cariño, en surcar cada arruguita y depositar los buenos recuerdos, las alegrías, las ternuras, los besos.

Él empezó a relajarse. Siempre le había gustado que ella le mimase y le dedicase un poquito de atención pero hoy no estaba de humor, necesitaba dormir, era su prioridad vital y ella lo sabía. La música lejana, con acordes de arpas japonesas y tintineos de oriente le empezó a adormecer. La luz nublada de la persiana y el aroma de las velas le embriagaron. Se dejó seducir por un sueño relajado, casi profundo.

Ella le miraba satisfecha. Conocía cada recoveco de su rostro, cada línea, cada gesto. Seguía rozándole con las yemas de los dedos, dibujando sonrisas en sus labios tiesos, estirando sus párpados pesados, amasando los pómulos abatidos, repartiendo ungüento una y otra vez. Feliz, contenta de cuidarle, cuidando de contentarle.

Notó cómo le vencía el sueño y sólo deseó que cada una de las zetas que se esparcían por la habitación se fundiesen con los miles de corazoncitos que iba creando con su masaje, con los suspiros y perdones que salían de su alma, con los miles de besos que se tragaba y que deseaba que, en algún momento, él pudiera anhelar…

11 enero 2014

celebración

Filed under: Sin categoría — malísima @ 0:10

Y pasaron las insidiosas navidades. Y respiré y sobreviví. Añoré y lloré por mis ausencias: mi padre, mis niños. Y vi que la vida continua. El vacío de mis enanos lo sobrellevé con la pena y la esperanza. El de mi padre, con el llanto y la pena. Aunque vi que a un padre no se le sustituye y a un marido se le puede cambiar por un gato. Me alegro de no haber vivido eso. Si hay que llegar a eso, prefiero un divorcio. Le pese a quien le pese.

Hoy estoy contenta. Vuelvo al mundo laboral. Vuelvo a tener un contrato aunque sea de sustitución y un contrato mercantil que no sé si podré llevar a cabo pero que me deposita en el mundo de los vivos. Siento que sea a pesar de mis canijos y de no disfrutar de ellos pero les he enseñado que, sin trabajo, sin dinero no se vive y que tenemos que salir a flote. Yo más que nadie. Yo sólo por ellos.

Sin embargo me apena que, mi momento de felicidad, de satisfacción sea en solitario. He tenido una tarde magnífica con mi muy mejor amiga. Incluso me ha servido de talismán. He tenido una buena comida con quienes serán mis socios. He tenido un brindis con mi queridísima hermana pero llega el momento de la retirada y aquí estoy, sola, frente a una pantalla iluminada del ordenador. Ni un ruido. Una casa vacía. Mil proyectos. Tres o cuatro amantes. Ningún amor. Mi celebración terminará con el parapadeo del clic y el botón de envío del blog al ciber espacio.

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