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29 abril 2013

Pisos

Filed under: Sin categoría — malísima @ 19:53

Creo que los hombres, a estas alturas de mi vida, son como los pisos. Ya no existe ese pisito ideal que se ajustaba a tu presupuesto y que te enamoraba nada más visitarlo. No, ahora, después de ese apartamento que fue tu gran tesoro durante décadas, buscas una casa y te encuentras que, cada cual, adolece de algo. Si es luminoso, te encuentras que carece de garaje; si es céntrico, no tiene urbanización; si tiene trastero es que es interior…y así te cuesta buscar y buscar, con lo que sabes que, cambiarás de casa pero que ese flechazo intenso no lo volverás a sentir por más reformas que le metas.

Con los hombres pasa igual. Si das con un guapo, te encuentras con que le falta madurez; si encuentras a alguien afín en estudios, es calvo; si tienes risas con él, no es bueno en la cama y así, hasta el infinito.

Quizás el truco esté en ir cambiando de ambiente conforme te vayas encontrando en el momento. O incluso combinarlos. Se podría ir de fiesta con el guapo y tenerle liado a canapés para que no diga ni mú; meter en la cama al amante perfecto y reír con el simpático en cualquier comida en un pueblecito de las afueras…

Aún así hay tantas facetas por llenar…Con quién compartir las vacaciones, con quién salir con los hijos, a quién buscar para el roce diario, a quien dar el cariño. Quizás ya no se pueda llenar tanto. Quizás esos hombres sean como esos pisos de lujo que no son accesibles para bolsillos mundanos.

Samurai

Filed under: Sin categoría — malísima @ 19:42

Sexy. Extremadamente sexy.

Un cafe en un Vips y un zumo de naranja.

– Algo de comer?. Pregunto la solicita camarera. El “nada más” de su contestación fue toda una declaración. Realmente lo que buscábamos no estaba en el menú. Supo elegir una mesa de espaldas al mundo y, ahí, de espaldas al mundo, comenzamos a besarnos, sin recato, sin disimulo.

Yo me empeñaba en mirarle, escudriñar su mirada, su porte. El se esforzaba en levantar mi falda, asomarse a mi escote y reconocer mi anatomía.

Levantarnos de la mesa y pedir la cuenta fue un tormento de deseo y prometió volver por mi a la hora de la comida.

A las dos horas de espera le siguieron dos horas mas de intensa pasión. Apenas abrió la puerta, descorchó un tinto y poco después el primero de sus tatuajes. Poco a poco fue descubriendo y comentando cada uno de sus cinco tatuajes con su significado del japonés.

Hubo sexo, mucho sexo. Ganas. Pasión. Deshinibición. Complicidad. Muuucha. Cada arremetida de su cuerpo contra el mio era una explosión de placer y corrientes eléctricas. Hubo repertorio de formas, posturas y calores. Palabras soeces, caricias y lametones.

Después quedó en la cita de los jueves. Ya no le necesito. Ha sido fácil olvidar, ni una herida ni una lágrima. Genial.

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