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28 enero 2013

Poco valor

Filed under: Sin categoría — malísima @ 13:38

Hundida. Destrozada.
Sé que los dos lo estamos pero ya no tiene remedio. ¿Qué he sacado en conclusión de todo esto? Pues más desánimo, la verdad.
Mi ex-marido, después de diecisiete años a mi lado no fue capaz de luchar por mí, de intentarlo de nuevo y mi…¿qué nombre le pongo? ¿mi amor, mi amante, mi amigo??…bueno, mi última relación. La más intensa, la más sincera, la más íntima y leal resulta que me ha demostrado que no valgo ni un beso ni una caricia ni un detalle…

Ahora mismo no puedo quedarme con lo bueno. Sólo con la pena. La pena de haberlo intentado y no haberlo conseguido. Sé, positivamente, que me equivocaré nuevamente porque iré a quitarme el clavo con otro clavo. Da igual. Cualquiera me sirve. Ya no necesito más que un dulce beso, el listón está bajísimo. Basta con que me llenen la cabeza de palabras bonitas y los labios de efusivos besos para sentirme reconfortada…Qué triste, no??

Para quien más me aguantó, no valgo una segunda oportunidad. Para quien dijo que me quiso, no valgo ni un puñetero beso…

21 enero 2013

Asignatura pendiente

Filed under: Sin categoría — malísima @ 17:03

Me duele…cómo no me va a doler? Ha sido la persona más maravillosa y más dulce que he tenido a mi lado durante este último año tan infernal. Sin embargo, la historia no da para más. Como me dicen “era tu asignatura pendiente” pero ha tornado a su fin. Somos distintos o quizás no lo seamos y sólo sea el momento, pero en este momento, no somos compatibles. Él tiene sus cicatrices y yo, las mías. Nos hemos ayudado, consolado y querido pero no tenemos visión de futuro. Él me reclama mimos y yo, se los doy pero tienen que tener su momento, su intensidad y su situación y yo, yo soy muy mamífera: necesito tocar, sobar, acariciar continuamente. No me sirve que alguien me acapare sólo en un momento y que el resto sea agobiarle. No me sirve que nadie me devuelva mimos y caricias. De hecho, pienso que hasta me ha cambiado y esa persona tan tranquila y tan poco cariñosa no soy yo. Lo he hecho porque así me lo pedía. Controlé mi efusividad, mis besos, mis mordiscos. Ha habido momentos en que me he sentido poca cosa a su lado.

Al principio pensé que era un príncipe, de tanto halago via wassap y de tanta belleza como irradiaba. Nunca pensé que pudiera estar con alguien tan guapo y que llamara tanto la atención. Con el tiempo cesaron los halagos y sentí que me marchitaba. Él lo hacía para dar mayor peso a otros valores que no eran los físicos, que si yo era buena, que si valía mucho como persona, que si hablaba bien…Sin embargo, esos piropos a mí no me llegaban. Soy mujer y qué mujer no quiere que la digan guapa o bonita o le digan virtudes más visibles como la belleza de sus ojos o la suavidad de su piel. La falta de todo eso, en el fondo, me hundía.

Después, él ha llegado a tal desidia y a tal apatía por el mundo, por lo cotidiano que no ha podido marcarse ningún detalle conmigo. Y no es ya por lo material en sí, -que tampoco soy de las que se compran con bisutería ni flores- si no por ese mail cariñoso, o esa llamada fuera de hora, o ese beso que nunca llegó. Al principio me destartaló con mil detalles, aparecía a tomarse un café, a comer conmigo, aunque fuera un pincho…Luego ya no le salía, de hecho, me llegó a comentar que ya no me correspondía con lo que yo le estaba dando. Después olvidó hasta lo más nimio. Ni regalo en navidad ni cena de nochevieja. Y mi pena, mi gran pena seguía ahí.

No puede besarme por el trauma que le supuso el que le dejara su ex. No es que no pueda embarcarse en una relación larga, no, lo que no le deja su cabeza es pasar al morreo vulgaris. El sexo vulgaris, sí pero sin besos. Algo inconcebible para mi mente. Y si bien, yo podría entender que se cura con el tiempo, al final, con el tiempo, lo que ha hecho ha sido tocarme en una parte sensible de mi ser. Ya no podía más.

Y mi corazón necesitaba risas y olvidos y no han llegado. Me he reído poco, creo que sí que le he hecho reír pero no ha podido seguirme, quizás era por ser de la tierra de la saudade, quizás es porque sencillamente no podía. Se ha quedado en su dolor, en su miedo, en su pequeña tragedia. Me ha hecho opinar y tomar partido por cada cosa o problema que pasaba por su vida. Él, en mi caso, al revés. Se ha hartado de repetir que no iba a juzgar y yo he juzgado, me he posicionado y hasta he colaborado en tomas de decisiones y negociaciones. Así que, mientras él ve en mi ex una persona hundida, yo, en su ex, veo una mantis religiosa dispuesta a devorarle con cualquier asunto. Y no ya por los roces del detrimento de la vida sentimental, si no por ser alguien tan fuerte y tan pegado a su vida que, a ese príncipe que pudo ser y no fue, le dejó anclado y no le deja despertar ni soñar en un futuro.

Ha llegado a ser tan profunda la huella de su falta de caricias y apegos a mí que ya no sé si ha fingido –por más que diga que no- si de verdad me ha querido –por más que me lo repita constantemente- o si ha disfrutado ni un solo segundo de mi presencia. En el fondo, somos animales y por más que mujas, ladres o cacarees, si no va acompañado de gestos, pataletas o galanterías, no terminas de creer las palabras, por más maravillosas que sean. El movimiento, como dicen, se demuestra andando.

Sé que tendré un amigo. Él me tendrá siempre y nuestros retoños nos obligarán a vernos en otras tantas ocasiones. Le deseo lo mejor. Es mejor terminar así que seguir luchando por cambiar y hacernos daño con falsedades. Si el destino quiere volverse a cruzar en nuestro camino, espero que estemos preparados pero ahora, con nuestras rarezas, no es nuestro momento. Si hay algo que ya aprendí, es que uno de mis mayores sufrimientos fue cuando me intenté transformar para agradar a alguien. Perdí, perdí por todos los lados. No llegué a ser quien esperaban y me costó mucho volver a reconocerme en el espejo. De seguir así, volvería a pasar por eso, me negaría a mí misma, me confundiría y tendría una compañera sin sonrisa que se levantaría conmigo cada mañana, a sabiendas de que no soy yo. Que dejaría los labios fruncidos para no soltar un sonoro beso, que se sujetaría las manos para no achuchar y que se cerraría a las palabras dulces que nunca llegarían.

Malo es poner fecha a los sentimientos pero peor es acostarse sin un beso de despedida sin tener la certeza de que al día siguiente volverás a amanecer y, desgraciadamente, ninguno sabemos si eso pasará cada día. Igual que meterte en la cama sin haber dado lo suficiente, querido lo suficiente, saboreado lo suficiente y achuchado lo suficiente…Ni hablar, qué sería de mí, si me dejo llevar por el habrá tiempo cuando no lo hay…cuánto he vivido ya para saber que en un segundo todo cambia y por más que quieras ya no volverá a ser tu camino como lo habías pensado. No, así no puedo ser yo.

Volveré a la frialdad de mi cama a solas pero sé que así no esperaré por si llega esa caricia, ese roce, esa chispa que me despierte. Seguiré mirando hacia mi almohada y no me molestará dar la espalda a nadie, aunque sea ese alguien quien primero me negó su cara, sus ojos y sus labios…

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