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16 febrero 2012

El contrato

Filed under: Sin categoría — malísima @ 12:42

Ayer apareció con un contrato de “suspensión de la vida conyugal”…O ha aprendido mucho a mi lado o está muy bien asesorado. No quiere que haya problemas en un futuro, por demanda de abandono de hogar. A ver, no le he demandado hasta ahora…cómo iba a hacerlo con algo que ha decidido y que, desgraciadamente, estamos de acuerdo.

¿Cómo me siento? Mal, a ratos. Bien, a ratos. Necesito un poco de paz. Necesito volver a ser yo misma y no andar asustada. No quiero dar un respingo en el sofá cada vez que suene la puerta de entrada, pensando “hoy me toca beso o no?” “viene de buenas o de malas?” Así, nos desgastamos los dos. Es lo peor.

Cierto también es, que es mi peor momento profesional. A apenas meses de un despido. Bueno, no lo veo mal. La vida me ha enseñado a salir fortalecida de las malas situaciones. Supone mayor esfuerzo tener que recuperarte de todo. Ahí es cuando le echas narices al asunto. No caben medias tintas.

Esta mañana, en la ducha, me he acordado de un campamento de verano, rondando los diecisiete años. Había tenido un curso redondo: buena estudiante y, encima, una chica popular por haber interpretado un musical –en el que no cantaba, por cierto- en el teatro del colegio con gente de la parroquia. No fue mucho ni nada importante, pero la gente me reconocía y me daba la enhorabuena por la calle. Sin embargo, ese curso y quizás por el tema de la popularidad, en los scouts a los que pertenecíamos, decidieron separarme de todas mis amigas. Al principio, apenas lo noté pero, cuando llegó el campamento y teníamos que comenzar la ruta, me hundí. Qué hacía yo, alejada de mi hogar, reventandóme los pies en largas caminatas de más de quince kilómetros diarios, cargados con macutos y tiendas, sin tener ningún hombro amigo en el que desahogar mis penas?.

La pura lógica invitaba a buscar nuevos conocidos o aprovecharme de la situación, pero yo no soy así. Me propuse que la ruta la haría sola. Y la hice sola. No hablé más que lo imprescindible en los diez días de la ruta. No me abrí a los demás. Decidí que mis amigos los elijo yo y que no necesitaba añadidos de unos cuantos días. Sólo recuerdo a Celia, una chica muy ruda que sí que se me acercó pero que tampoco hizo nada por intimar.

El primer día de ruta, de camino al pueblo de Bulnes, la chica culona, asmática y malhumorada, llegó la primera, sorprendiendo a todos. El último día, de subida a la base del Naranco, llegué la última, hambrienta –como el resto- y con una pájara de las alturas que me hizo tambalearme y derrumbarme medio muerta. Dormí casi un día después de aquello. No desperté ni para comer. Había llegado a todos mis límites.

En el juicio que se hace entre los compañeros, después del campamento, para valorar los esfuerzos, para motivar y para ayudarnos entre nosotros, apenas nadie pudo decir nada de mí. Que les había sorprendido, que se esperaban a una chica alegre y divertida que era la imagen que tenían de mí y que era lo que comentaba todo el mundo y que no habían visto nada de eso. Que había estado sola y que apenas había hablado. Todo eso significaba una clara llamada de atención, una ofensa al grupo y, sin embargo, para mí, fue la mejor victoria.

Ya han pasado muchos años. Tengo otras muchas experiencias. Más graves, más tristes, más significativas. Pero hoy me he acordado de esa. Quizás necesite volver a la ignorancia y al candor de los diecisiete años. Reafirmarme en lo que soy, en lo que puedo hacer por mí misma y sin depender de nadie para llegar a mi meta, aunque sea vapuleada y herida. De esa forma, sabré recuperarme y disfrutar de mis logros.

15 febrero 2012

Esperando…

Filed under: Sin categoría — malísima @ 15:03

Acabo de quitar su foto de mi fondo de pantalla. No significa nada. Podría haberlo dejado pero lo he hecho casi de forma inconsciente. Para mentalizarme, para no fingir si alguien me preguntase…He hablado con él por teléfono y ha retrasado la cita con la inmobiliaria. ¿trabajo o tiempo de seguir pensando??
Al ser mediados de mes no debiera retrasarse en decidirse, si no, se demoraría otra quincena y prolongar la situación, cuando ya tiene uno en mente el marcharse, sería terrorífico. No haría sino agravar el malestar.

Lo que no entiendo es cómo ha podido dejar pasar tanto tiempo. Generalmente, una decisión así, se hace en caliente, con el berrinche. No ahora, al cabo de los meses. Me tiene descolocada. Totalmente descolocada. Pero si tiene que ser así, pues que sea así. Yo he asumido mi culpa. Me toca esperar la condena. Aunque llevo condenada cada día de los últimos 90 días…

La temida decisión

Filed under: Sin categoría — malísima @ 10:05

“Me voy”- Y me dio un toquecito en el pie que mantenía cruzado sobre mi pantorrilla. La decisión estaba tomada. No sirvió de nada que hablásemos, que le esperase hasta tarde, que le dijera, que le calmase, que se me saltaran las lágrimas.

Pasamos de momentos de negación, hasta soluciones ridículas como irnos a cenar en plan romántico pero la decisión ya estaba tomada. Llevaba tres semanas buscando piso, rondaba por su cabeza la idea tan denostada de “necesitar espacio”, del querer pensar, del echarnos de menos.

Es un trago difícil. Él confía en volcarse en su trabajo e hincharse a hacer ejercicio. A mí me da miedo que se enfrasque en cervezas, tabaco y gin-tonics.

Yo sé que, por mi parte, podré llevarlo bien. Sigo en mi hogar, con mis hijos, con más trabajo porque nadie llegará a prepararles la cena pero, tampoco me voy a engañar, hace meses que nadie llega a prepararles la cena.

Los críos no se dan cuenta o no preguntan. Es cierto que, ante ellos, nunca ha habido gritos o críticas. Se hacen a todo. Hace días que se acuestan y no está su padre. Entre ellos se comentan: está trabajando. Ayer, para colmo, me obligaron a apagar la tele: mamá, tú no la ves y papá va a llegar cuando ya estemos dormidos… Pues desde luego, tontos no son.

Lo que también tengo claro es que tampoco podíamos seguir así. Un día bien, otro mal. Un día suena una canción y nos nublamos y ya no me quiere, otro día me persigue hasta la habitación y me regala una noche loca. Un día, sonríe, otro, a hartarnos de llorar. No. Imposible.

Que nos echemos de menos… Él no se da cuenta de que yo sí que le echo de menos, aunque esté cerca. No sé si a mí la distancia me ayudará o me hará ser más autosuficiente, me crecerá coraza y podré pasar de él. Es un riesgo. Riesgo que, como me ha dicho mi hermana, tiene que existir, y que, si fuera así, serviría para darnos cuenta de más cosas. Me han criticado por aparentar ser el matrimonio perfecto. Creo que nunca he ido presumiendo de ello. Un matrimonio divertido, sí. Comprometido, sí. Pero ¿perfecto?. No cabe la perfección entre personas imperfectas.

Al mediodía ha quedado con la agente inmobiliaria. ¿Pero es que ya hay un tercero que sabe de su intención? Está claro que la decisión estaba tomada. Va a ser el segundo apartamento que vea. Dice que son turísticos, que se prolongan mensualmente. Veremos si llegamos al mes o si se va renovando…

Me equivoqué, de acuerdo. Espero que, ahora, no sea él el que se está equivocando…

14 febrero 2012

Es gracioso. San Valentín. Y puede que sea mi último día en pareja. Él quiere marcharse. Bueno, quizás no sabe ni lo que quiere pero lo que sé es que a mí me está matando. Si no hubiera amor se habría roto hace tiempo, pero hay amor, mucho amor. Y deseo. Mucho.

Filed under: Sin categoría — malísima @ 17:11

Me he intentado comportar como un hombre en un mundo de hombres, pero soy mujer. Eso no lo perdona ningún hombre. Está claro. Quizás hasta no me perdonen las mujeres. Somos malas. Rencorosas. Vengativas.
Soy lo peor de lo peor. No estoy contenta con lo que me ha tocado ser. Me he rebelado (mal) contra todo. No me ha servido de nada.
Sólo para perder. Y más que me va a tocar perder cada día que pase, pero, aún así, no dejaré que mi ánimo decaiga. Siempre me he crecido ante las dificultades. Pues una más en mi vida. O muchas. Las que sean…Sabré sacar partido de lo que venga…

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